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lunes, 7 de julio de 2014

MANUEL GODOY SE MUESTRA MORDAZ.

Akí me tenéis.
Alcancé los palacios y sus reyes.
Si acaso fue una larga aventura
en las travesuras de mi memoria
un dolorido canto se contrae
hasta germinar en calma.

Lo fue. Fue un camino de espinas,
pero también de miel y mora.
Porke me deslumbró ser consciente
de dónde había llegado, y tan fácilmente.
La conjura palaciega, las intrigas
del buen gobierno, lo moral
de lo inmoral cuando se sustituye
hombre por reino.

La alegría fue en los privados
con la reina, incluso cuando un burdo 
pintor llamado Goya ke insistía 
en penetrar con el arte la realidad 
nos mostró su retrato familiar y
del detalle del enorme parecido
entre el último infante y un servidor,
una copia exacta de mi rostro.
En silencio me alegraba infinitamente
ke mi sangre rodara ya por siempre
en el gran río de la familia real.

Fue largo, sí, pero también
tan fácil ke hoy día, tras siglos 
de mi propia muerte,
todavía me sorprende akella 
misteriosa pero determinante 
facilidad
para conseguir autoridad.
El mundo según Godoy, Yo, 
el Príncipe de la Paz.

Lo inmoral. Fuera de su membrana
se convierte en moral. Si cambias
el punto de vista puede ke la razón
te acompañe y la duda se instale
ante los delitos ke se te imputan.
Pecadores somos todos, y lo seguiremos siendo 
para alcanzar esas nubes ke los dioses
nos imponen como definitivas.

No. Yo me rebelo. Rezo a esa cruz
del entendimiento, pero por encima
del reino sobrevuela mi estado,
mi sueño de gloria, de vida intensa.
Se impone mi ambición. Mis intereses.
Los deseos ke se deciden a confabular,
diseccionar, obviar, memorizar, pactar,
repudiar, limitar, extinguir todo akello
ke a la larga pudiera ser tóxico en mi camino.


Akí me tenéis, el Príncipe de la Paz,
Manuel Godoy, Príncipe de Bassano.
Frente a los jardines de palacio.
No llega aún la primavera
y hay rocío intenso en las enredaderas.

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